Óleo sobre lona
80 x 100 cm
2019
El mundo nos
condiciona desde pequeños, nos ha vuelto algo que no somos. Las construcciones
sociales crean en nuestras mentes complejos con los que tenemos que lidiar
todos los días. Luchas internas entre lo que somos y lo que nos gustaría ser.
Mi obra representa la pureza con la que nacemos hasta que vamos creciendo
rodeados de las acciones de un mundo cada vez más deteriorado. Por tal motivo,
la niña ubicada en un rincón, sin escapatoria, tiene puesta una máscara
antigás, rechazando el entorno infectado de cosas banales que hacen que todo a
su alrededor marchite, pero con su mirada puesta en un corazón que sigue
latiendo y que representa el motor del cambio, la única solución para volver a
ser nosotros mismo y que a su vez está dentro de una jaula, protegiéndose
también del mundo o, quizá, encerrado por éste mismo con el paso de los años.

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